Marina Abramović: The Artist is Present

abramovic

Pocas veces se encuentran documentales en la cartelera y menos dedicados al arte, por eso resulta extraordinario poder gozar de películas como esta;  Marina Abramović: The Artist is Present.

El documental nos muestra como la artista se prepara para la que será la exposición más importante de su carrera; una retrospectiva en el MOMA (Museum Of Modern Art) que durará tres meses; del 14 de marzo al 31 de mayo del 2010 y que ofrecerá la reinterpretación de cinco de sus obras más emblemáticas -con jóvenes performers “entrenados” por la misma Abramović- además de su nueva pieza “The Artist is Present” donde durante más de 730h y 30 minutos, la artista está sentada en el atrio del museo mientras los visitantes son invitados a sentarse, por turnos, delante de ella mirándose fijamente en los ojos.

Abramović lleva trabajando desde los años setenta la performance, convirtiéndola en una de las artistas más influyentes y pioneras de esta disciplina. Pero también ha sido duramente criticada por la violencia y el extremismo de sus obras que se caracterizan por usar su cuerpo como medio y explorarlo hasta los límites más insospechados. Piezas que no dejan a nadie indiferente y que han dividido la crítica. Precisamente por eso, la retrospectiva que le ofrecía el MOMA –una de las más grandes que se ha hecho de performance- era, para la propia artista, algo más que un homenaje a su trabajo, sino que demostraba que la performance es, en efecto, arte, y que como cualquier otra disciplina puede tener un espacio en el museo. Que el MOMA le ofreciera esta oportunidad quería decir que, después de más de cuarenta años trabajando, se reconocía su trabajo como tal.

El cineasta Matthew Akers  estuvo, durante meses, al lado de Abramović documentando no solamente la preparación de la retrospectiva, sino adentrándose a la vida personal de esta. Así pues, el resultado ha sido un documental que, para aquellos que no conocían a la artista o no estuvieran familiarizados, nos adentra al mundo de la performance desde una perspectiva muy lúdica y entendedora y que, para aquellos que la ya conocían, se nos presenta a una Marina Abramović más personal, más intima. La película tiene ritmo, es dinámica, cosa que el espectador agradece. Además resulta ser conmovedora, no solamente por las confidencias y declaraciones de la propia artista –desde su infancia en Yugoslavia con una madre controladora, como su relación profesional y personal con el artista Ulay-  sino por las reacciones de muchos de los visitantes al participar en la performance. Y sobre todo, por ver, cómo el arte influye, llega, a diferentes personas y de diferentes maneras.

En general es un film muy recomendable e interesantísimo al que sólo le enuentro una pega; resulta ser demasiado glorificador, casi un producto publicitario de la exposición del MOMA. Personalmente creo que debería mostrar las divergencias que crean sus performances y el porqué de tanta controversia. Porque, al fin, el arte es confrontación y debate.

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